Te estarás preguntando, ¿qué diablos es una FUPA? El Diccionario Urbano lo define como Fat Upper Pubic Area (Parte de arriba gruesa encima del pubis), pero yo llamo a la mía cariñosamente Creación. La tengo desde antes de que el término FUPA existiera —y durante mucho tiempo, odié mi Creación.
La odiaba porque siempre tenía malos momentos comprando ropa que me fuera bien. A ver, tener una Creación, además de ser muy redonda por detrás, y tener una cintura pequeña, no hacía divertido irse de compras. Así que, durante años y años, hice todo lo posible en mi poder para ocultar mi Creación.
Nunca llevaba nada que fuera ajustado. Simplemente no podía. Cada vez que me miraba al espejo me encantaba cómo me veía desde todos los ángulos —excepto cuando veía mi nunca-tan-encantadora bolsa gorda. Odiaba llevar vaqueros porque ninguno se ajustaba correctamente. Nada más que decir, arreglarse siempre era una pesadilla, así que incluso dejé de intentarlo. Solamente buscaría la primera camiseta enorme que pudiera esconder mi FUPA.
Intenté todo lo que se puede pensar para quitármela. Hice cada dieta imaginable. Hice toneladas de sentadillas, abdominales y ejercicios específicos. He comprado demasiadas fajas en un esfuerzo para aplanar mi Creación en su existencia. Esto no iba a ninguna parte. Puedo pesar 60 kilos y está ahí —así como puedo pesar 120 kilos, y ahí sigue.
El torrente constante de mensajes subliminales y no subliminales que había a mi alrededor realmente no ayudaban ni un poquito a querer mi Creación. Los anuncios que sacaban constantemente productos para quemar barrigas gordas o alisar estómagos con vídeos de ejercicios eran lo peor. Llegaron al punto que odiaba incluso ver mis programas favoritos porque esos avisos constantes seguro que aparecerían.
Finalmente, hace pocos años, decidí dejar de torturarme y empecé a llevar ropa que siempre quise llevar. Todavía buscaba una manera de no acentuar mi Creación. Aún no estaba cómoda y cuando me estaba vistiendo, a menudo agarraba mi Creación y le decía que se marchara. Entonces, hace cosa de cinco meses, tropecé con un video de cirugías. No sabía qué esperar, pero asumí que iba a ser desagradable para mí verlo. Odio la sangre y odio ver cualquier cosa que tenga que ver con cirugías. Sabía esto, e incluso así, ¡tenía que verlo!
Ahora por fin sé que mi Creación viene de haber estado embarazada tres veces y someterme a tres cirugías para tener cuatro hijos. (Sé que las matemáticas no son congruentes; uno de mis embarazos fue gemelar). Nunca había visto el procedimiento de una cirugía en acción. Debo admitir que fue difícil verlo, pero lo hice —del mismo modo que ves una película de miedo con un ojo cerrado y otro entreabierto. Estaba asombrada de lo que estaba presenciando. Al final imaginé verme a mi misma en ese video, poniendo mi cuerpo en esa mesa de quirófano, imaginando esa cuchilla tocando mi piel y cortando, estirando y presionando de maneras que nunca supe. Lo que puede parecer una manera violenta de traer vida al mundo fue precioso para mí.
Tuve que sentarme y encajar lo que había visto. Sólo así, —de repente y sin aviso— tuve un nuevo respeto por mí misma, por mi cuerpo, y por mi Creación. Pensar que mi Creación había sido sometida a esos extremos era impresionante. No sólo aprendí a amarla, sino al final, después de muchos años sintiendo que era menos mujer porque no había dado a luz de la manera tradicional, también tuve una sensación de totalidad.
Hay algo sobre los bebés y embarazos que hace que la mayoría de las mujeres quieran compartir sus historias y comparar notas. ¡Yo odiaba esas conversaciones! Antes, cuando compartía que no había experimentado un parto vaginal, siempre tenía que escuchar cosas como Oh, así que no sabes lo que es tener un niño. Esas palabras siempre se quedaban conmigo y se convirtieron en parte de la razón por la que tanto odiaba a mi Creación.
Ese video duró como tres minutos, pero esos tres minutos me cambiaron para siempre. Nunca más tuve esos sentimientos de no ser completa o no querer lo que yo pensaba que no se podía querer. Ahora pongo mi mano en mi Creación y pienso en esas cuatro vidas que he tenido el privilegio de brindar a este mundo. Pienso acerca del milagro de la vida, acerca de la creación de un pequeño cuerpo, acerca de cómo ese cuerpo se ha ido formando dentro de mí. Miro mi cicatriz con amor y pienso en los años que he sido madre. Me visto por las mañanas con ropa ajustada, y me encanta lo guapa que me siento, y recuerdo que hay cuatro seres humanos caminando en este mundo por esa FUPA. Me siento completa y acepto que esta era mi manera de dar vida a este mundo y que no soy menos mujer.
Estoy segura de que algunas lectoras que están leyendo estas palabras pensarán, Bueno, yo tengo una barriga gorda también y no he tenido cuatro hijos. A ellas les digo: Si tienes barriga por un embarazo o porque has engordado algo al paso de los años, ama esa parte de tu cuerpo, es parte de ti. Es parte de tu historia, de tu viaje. Nadie más en el mundo tiene una como la tuya. Para practicar el amor radical a uno mismo, tenemos que amar cada parte de quien somos. Vivir en amor radical a nosotros mismos es decir, ¡No me importa lo que el mundo piense de mí, sé lo que sé acerca de mi mismo, y me quiero completamente! Es coger esos pensamientos negativos acerca de los partes de nuestros cuerpos que han sido condicionadas a pensar que no pueden ser amadas y encontrarles un nuevo simbolismo, una nueva manera de encontrarlas dignas de amor.
Te desafío a redefinir esa parte que no puedes querer de ti mismo. Profundiza para encontrar un símbolo positivo y un significado para considerar esa parte de tu cuerpo que has odiado. Te garantizo que, una vez que hayas encontrado ese amor para lo que no se puede amar, finalmente tendrás la libertad de ser únicamente tú.
[Imagen de cabecera: La fotografía muestra una mujer de color con pelo castaño largo y ondulado y ojos oscuros. Lleva pendientes de aro y un top granate. Está mirando directamente a la cámara.]