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Channel: The Body Is Not An Apology
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No soy tu muestra

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No soy fan del discurso del Dr. King “Tengo un sueño” y del modo que la mayoría de la gente lo interpreta. Muchos olvidan que el principio del discurso se centra en el fracaso de la supremacía blanca del gobierno americano para cumplir la promesa de la proclamación de emancipación y la democracia para toda esta gente. Pero realmente me avergüenzo de la frase “Tengo el sueño de que mis cuatro hijos pequeños vivan un día en una nación donde no sean juzgados por el color de su piel sino por su personalidad”.

Ojalá el Dr. King pudiera volver atrás y repetir, porque esta declaración ha sido adoptada y celebrada por razones equivocadas. La declaración original ha sido distorsionada para suponer que hay algo malo intrínsecamente con  el color negro y este gran esfuerzo tiene que ser interpretado para subestimar y no juzgar a alguien por eso. Lo que el Dr. King quiso decir, fue “tengo el sueño de que mis cuatro hijos pequeños puedan vivir un día en una nación donde no sean juzgados por percepciones negativas del color de su piel —percepciones negativas originadas en engaños de la supremacía blanca”.

Una fea certeza sobre mi es que solía gustarme ser “pieza simbólica”. Como el personaje “Token” en South Park, en la mayor parte de mis años de primaria y secundaria en la escuela, yo era la única persona afroamericana y no blanca en un colegio privado presbiteriano. No sé mucho acerca de la historia del colegio, pero fue fundado en 1979 —imagino que como una respuesta a la integración escolar, como muchas escuelas privadas en esa época. Porque yo había sido escogida como “muestra” para demostrar la inclusión, pensé que era especial. De hecho tomé el “no te veo como negra” como un cumplido. Me comprometí de lleno con las políticas de respetabilidad.

Me educaron aprendiendo la historia africana y afroamericana que no se enseñaba en mi colegio. Tenía muñecas negras. A los dieciocho años era plenamente consciente del significado de ser la primera en mi familia en votar sin intimidaciones. En la iglesia, memoricé y recité los trabajos de Phyllis Wheatley, Langston Hughes y Fedrick Douglass. Incluso con todo esto, mi condición de negra seguía siendo algo que pensaba que tenía que vencer.

Fui a un instituto público en bachiller. A pesar de mis notas, los orientadores académicos querían ubicarme en clases de menor nivel. Todavía hoy, a pesar de las aptitudes, los estudiantes afroamericanos y latinos son puestos de manera rutinaria en clases de menor nivel por la escondida intolerancia de bajas expectativas. Mi madre, que era maestra, insistió en que me pusieran en clases de mayor nivel. En este punto mis sentimientos acerca de sentirme especial empezaron a resolverse. Para mi sorpresa, no era la única afroamericana en estas clases. Éramos tres. Mi patología era tan profunda que sentí su inteligencia como una amenaza a mi estado de “la única”.

Este sentimiento de sentirme especial continuó hasta aclarase cuando fui a la universidad. Fui a una universidad donde predominaban los blancos, y por primera vez, fui consciente de cómo había sido vista como “la otra” por la patología de la supremacía blanca. Los hombres blancos que con orgullo declaraban que no veían el color intentaban claramente tener su experiencia antropológica conmigo. Cuando un chico blanco con el que salí me dijo que era exótica, di un paso atrás y le contesté, “pero si soy de Georgia”. Me preguntaban constantemente si estaba allí por una beca de atletismo —incluso cuando era sabido por todos que la universidad no tenía estas becas. Me preguntaban si podía ponerme morena, por qué las palmas de mis manos o las plantas de mis pies eran de un color diferente. Alguno cuestionó mi derecho a estar allí; aparentemente yo había robado el lugar de alguien blanco más cualificado. Me confundían con otras chicas negras de la universidad a las que ni siquiera me parecía. Cuando intentaba corregirlos, algunas personas blancas discutían conmigo. Este era un nivel de estupidez que nunca antes había experimentado.

Mis amigos americanos asiáticos y latinos/hispanos tenían experiencias similares. Ahora tenemos un término para este fenómeno: microagresiones raciales.

Estas reacciones están basadas en la ilusión de lo que una persona blanca considera normal. Pero sólo porque algo haya sido social y políticamente construido como dominante no lo hace normal. Esta línea de pensamiento está basada en el etnocentrismo y el racismo, y sigue siendo dominante, particularmente en Hollywood. Por ejemplo, en una clase de guión de una reconocida universidad de Los Angeles, estaba trabajando en una comedia romántica sobre zombies con un reparto muy diverso. Identifiqué la raza y los trasfondos étnicos de todos los personajes de mi texto. Esto era mi trocito de resistencia. Había leído muchos guiones y siempre me había molestado cuando sólo se identificaba a la gente de color. Después de leer algunas páginas, lo único que me dijo el profesor fue, “Oh, no necesitas identificar  a los personajes blancos porque lo blanco es normal”.

Lo mire como el tonto que era y dije, “¿qué quieres decir?”.

Sonrió y dijo, “normal, la mayoría”.

Dije, “en realidad, desde que la gente en China e India componen la mayoría de la población mundial, ellos son los normales”.

Él le quitó importancia, “bueno, ya sabes lo que quiero decir”. Sí, racista, lo sé. Y no te confundas, eso es fanatismo. No será la versión de Kannifed, pero es fanatismo igualmente.

A la vez que he trabajado para desmontar mi propio racismo adquirido y las maneras en que le doy privilegios a los blancos, he aprendido a resistir siendo “la otra” a través del uso del lenguaje.  Así que cuando alguien dice, “oh, te hicieron eso porque eres negra”, rápidamente los corrijo con “no, lo hicieron porque son racistas”. Normalmente esto los escandaliza. Puedo ver el pánico en sus ojos. A veces, sus ojos miran de un lado a otro. Si hay mucha gente, suelen estarse quietos.

A veces alguien intentará quitar importancia a mis palabras con una desviación inteligente. Entonces repito, “no, son racistas”. Le pongo nombre al problema. El color negro de Trayvon y Michael no era el problema. El problema era la percepción negativa de ese color negro y el espacio que a ellos “les permitían” ocupar. Estas percepciones son respaldadas, financiadas y reforzadas por el racismo institucionalizado. Matthew Shepard no fue asesinado por ser gay. Sakia Gunn no fue asesinada por ser lesbiana. Matthew y Sakia fueron asesinados por gente que eligió la intolerancia dentro de una cultura que juzgó a Matthew y Sakia como “otros”.

En una discusión reciente en clase sobre pruebas estandarizadas, alguien trajo la película Stand and Deliver. Discutíamos sobre cómo estas pruebas pueden tener una preferencia cultural y maneras donde los desarrolladores de las mismas, administradores y profesores puedan paliar esta preferencia. La persona que trajo la película dijo que a los estudiantes se les llamaba para hacer el test de nuevo porque sospechaban de hacer trampas. Rellené los espacios en blanco de su declaración diciendo, “la única razón de que sospecharan que hacían trampas era por las bajas expectativas que tenían los administradores de los alumnos de origen mexicano”. Estas bajas expectativas prevalecían sobre los estudiantes.

Las microagresiones que mucha gente de color experimenta de manos de alguna gente blanca no debe asociarse al odio. El odio debe ser incluso una palabra muy dura. Pero están asociadas a ideas sutiles de superioridad e indiferencia que en muchas ocasiones causan más daño. Para una persona de color, no hay ganador en este juego. Cuando se encuentran con bajas expectativas, el punto es demostrar su valía y la supremacía narrativa es aún más reforzada. Cuando excedes las expectativas es una sorpresa y puede causar resentimiento y a veces, una hostilidad rotunda — piensa el presidente Obama.

Prefiero no jugar. No quiero ser más la “muestra” o esforzarme para ser válida dentro de los espacios etnocéntricos y hetero normales de los blancos. Estos espacios estrechos no me representan a mi o mis valores. ¿Las percepciones negativas de otras personas? No es mi problema. Ahora, esto no quita el impacto realmente negativo de esta forma encubierta de fanatismo. Cuando el racismo se proyecta en sus percepciones negativas, están intentando hacer de su patología mi problema. De todas formas, reconocer y nombrar el problema es un largo camino para desmontar las formas internas de esta intolerancia. Puedo aceptar mi cultura y mi identidad así como respetar y celebrar la cultura de otros.

No veo las diferencias como una amenaza, algo para ser tolerado o incluso ignorado. Las diferencias están para ser respetadas, honradas y celebradas. Esto era lo que realmente soñaba el Dr. King.

[Imagen superior: La fotografía muestra la cara de una mujer negra. Tiene ojos y cejas oscuros, y está mirando directamente a la cámara.]


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